Por Gina Carrillo
Sábado 14 de marzo: el peso de la historia y la fuerza
del presente
El arranque del Vive Latino fue una declaración clara: la escena emergente tiene voz
propia. Proyectos como Orqueska, Erin Memento y Planta Industrial marcaron el inicio de
una jornada que apostó por la diversidad desde sus primeras horas.
El momento nostálgico llegó con Enanitos Verdes, cuya presentación se convirtió en un
coro colectivo cargado de memoria emocional. Canciones que han atravesado décadas
volvieron a tomar vida frente a un público que no distingue generaciones cuando se trata de
clásicos.
La tarde avanzó con la solidez de Juanes, quien reafirmó su conexión con México, mientras
propuestas internacionales como White Lies y Cuco aportaron matices contemporáneos
entre lo indie y lo alternativo.
Uno de los momentos más significativos fue la aparición de John Fogerty, cuya presencia
elevó el festival a un plano histórico. Su set no solo fue un recorrido musical, sino un recordatorio del legado que sostiene gran parte del rock actual.
En paralelo, la energía urbana tomó fuerza con Cypress Hill, quienes pusieron a vibrar al
público con su característico hip-hop. La diversidad sonora continuó con actos como Enjambre, que reafirmó su lugar dentro del rock alternativo mexicano, y Los Amigos
Invisibles, quienes llevaron el groove y la fiesta al escenario.
La noche encontró su punto más alto con Lenny Kravitz, quien entregó uno de los shows
más sólidos del día, combinando presencia escénica, potencia musical y una conexión
inmediata con el público. En la recta final, propuestas como Moenia aportaron el toque
electrónico y nostálgico, mientras que Maldita Vecindad, banda que fusiona ritmos como el rock, el ska, el reggae, el punk e influencias tradicionales de la música mexicana como el danzón y el bolero, convirtió el cierre en una celebración colectiva donde la identidad mexicana tomó el protagonismo.

Domingo 15 de marzo: exploración sonora y
consagración internacional
El segundo día del festival mantuvo el impulso con una programación que equilibró propuestas emergentes y nombres consolidados. Desde temprano, actos como Triciclo
Circus Band, Malcriada y Reyna Tropical mostraron la riqueza creativa de la nueva
escena.
El rock nacional tuvo momentos clave con presentaciones como la de Fobia, que conectó
con la nostalgia del público, así como la propuesta íntima y contemporánea de Esteman y Daniela Spalla, quienes lograron uno de los sets más emotivos del día.
La jornada también destacó por la presencia de talento emergente y regional, como Ladrones desde Guadalajara, además de propuestas como Beta y Monobloc, que aportaron frescura al cartel.
Uno de los momentos más celebrados fue el regreso de Illya Kuryaki and the Valderramas, quienes encendieron el escenario con su estilo inconfundible, mientras que
bandas como Allison y Liran’ Roll mantuvieron la energía del público en alto.
La jornada tomó un giro contundente con Tom Morello, quien ofreció un espectáculo técnico y político, recordando el papel del rock como herramienta de expresión y resistencia.
El equilibrio entre lo alternativo y lo popular se hizo evidente con propuestas como Hello
Seahorse! y Conociendo Rusia, consolidando un cartel que dialoga con distintas
audiencias.
Uno de los puntos más altos del día fue la presentación de Los Fabulosos Cadillacs, quienes transformaron el festival en una fiesta multitudinaria, reafirmando su lugar como
referentes indiscutibles del rock latino.

El cierre estuvo marcado por una mezcla de intensidad y diversidad: The Smashing Pumpkins ofrecieron un set cargado de nostalgia noventera, mientras que Steve Aoki llevó la experiencia hacia una dimensión electrónica. Finalmente, Avatar aportó un cierre potente
y teatral dentro del espectro del metal, reafirmando la diversidad del festival. Finalmente,
Banda Machos rompió cualquier etiqueta, recordando que el Vive Latino siempre ha
sido un espacio sin fronteras musicales.
Un festival que evoluciona sin perder su esencia
El Vive Latino 2026 no solo cumplió con las expectativas: las superó al consolidar un cartel que conecta pasado, presente y futuro. Su capacidad para integrar géneros, generaciones y
discursos lo mantiene como un referente cultural que va más allá de la música.

Más que un festival, el Vive Latino sigue siendo un termómetro de la identidad sonora de
toda una región. Y este año, volvió a latir con fuerza.
